viernes, 1 de agosto de 2014

Entre el “Hasta Pronto” y el “Adiós”


 
 
Anna Evelyn Valdez
 
“Decir ¡Adiós!´ no es lo mismo que decir ¡Hasta pronto! ¡Adiós! es como expresar que nunca más volverás a ver a quien despides. ¡Hasta pronto! es una expresión de fe. Aun cuando no lo percibimos de esa manera, es una expresión de fe y esperanza,”  escribió mi gran amiga Gina Dorigoni, y cuánta razón tiene.
Es probable que utilicemos ambas frases sin distinción alguna, lo cual suele estar bien. El problema surge, creo yo, cuando no nos damos cuenta de a qué cosas trascendentales le decimos “Adiós” y a cuáles “Hasta Pronto.”
Hay cosas en nuestra vida de las cuales nos debemos despedir y apartar. Puede ser un mal hábito, una adicción, una creencia errónea e incluso una mala relación. El problema inicia cuando, a pesar de estar conscientes de cosas, situaciones o personas que nos hacen daño, insistimos en llevarlas con nosotros, hacerlas parte de nuestra vida o cargarlas en nuestros recuerdos. “Si todo lo que amas de una persona son los recuerdos, entonces déjala ir,” dice Emily Host en su artículo “Memory Ghosts” publicado en el HuffPost, y agrega: “si esa persona ya no es quien solía ser y a quien tú solías amar, y no te sientes cómodo con la persona que ahora es, entonces déjala ir. Encuentra a alguien que no sólo te dé recuerdos felices, sino también un presente feliz.”  ¿Cuántas veces hemos dicho hasta pronto a quienes deberíamos decir adiós? Lo mismo aplica para experiencias, trabajos y sueños. Últimamente he descubierto que decir “adiós” no siempre es suficiente, se debe trabajar para realmente dejar en libertad aquello de lo que nos queremos despedir. Lo más importante ha sido reconocer que “dejar ir” no es un acto de renuncia, mucho menos de derrota, sino un acto de amor. Un acto de amor hacia la otra persona, liberándola de la presión de ser quien quisiéramos que fuera, honrando su recuerdo y lo que se compartió. Y por supuesto es un acto de amor para uno mismo, dejando el dolor, la culpa o la victimización y aceptando con valentía el “soltar” para poder tomar nuevas y mejores cosas. Se oye tan fácil, pero en realidad no lo es, requiere trabajo, decisión y valor… pero sobre todo amor. ¡Cuánto amor requiere la libertad! ¡Cuánto amor! Decir adiós, en definitiva es un esfuerzo que tiene gran recompensa.
Decir “Hasta Pronto” es otra expresión de amor y también de fe. El “hasta pronto” implica la esperanza y el deseo de encontrarse de nuevo, de volverse a ver. Decir “hasta pronto” un día por la mañana a la familia es reconfortante. Decir “hasta pronto” a un familiar o amigo que ha partido hacia su encuentro con Dios, es más que esperanzador y es el sentimiento que debería reinar en nuestro corazón y traernos la paz en medio del dolor. Hace poco más de un año, tuve que decir “Hasta Pronto” a un tío maravilloso que enriqueció nuestras vidas con mucho amor. No recuerdo exactamente cómo me despedí el último día que lo visité y pude abrazarlo. Sólo sé que hoy, como todos los días, miro al cielo, agradezco a Dios por su vida, celebro sus recuerdos y digo sonriendo y creyendo: “¡Hasta pronto!” ¿A qué le dirás Adiós y a qué le dirás “Hasta Pronto” hoy?
 
 
 
 
 
 

viernes, 18 de julio de 2014

El cerebro y el dinero


Anna Evelyn Valdez


 

¿Qué provoca el dinero en nuestro cerebro?  Esta pregunta es la que el emergente campo de la “neuroeconomía” está tratando de averiguar a través de la psicología, la neurociencia y la economía. Aquí se presentan algunos de los resultados, que parecen obvios pero es interesante conocer que son validados por diversos estudios:

1.       El dinero mata la empatía: según un estudio discutido en la revista Time, las personas con muchos recursos económicos se sienten menos amenazados, por lo que tienden a ignorar cómo se sienten los demás. Adicional a esto, un estudio de la Universidad de Berkeley, descubrió que incluso con estudiantes jugando Monopoly, los jugadores que iban ganando y tenían más “billetes de Monopoly” se sentían con más poder y eran más agresivos con el trato hacia sus compañeros que iban perdiendo o tenían menos “dinero de Monopoly.”

2.       El dinero es un amortiguador del dolor: En un experimento, les pidieron a las personas que calificaran su respuesta hacia tocar agua caliente después de contar dinero. Los resultados indican que mientras más dinero contaban antes, menos dolor sentían cuando tocaban el agua caliente. Por otro lado, las personas que acababan de perder dinero calificaron más doloroso el tocar el agua caliente. Al parecer, el perder dinero  comparte sistemas físicos y psicológicos con el dolor físico. El artículo expone: “Las personas odian perder dinero más que lo que aman ganarlo.”

3.       Mientras más dinero haces, más piensas en el dinero: La sabiduría convencional nos diría que mientras más tengamos de algo, menos importante debe ser para nosotros, pero eso no es cierto con respecto al dinero. Un Profesor de la Escuela de Negocios de Stanford encontró en su investigación que mientras más paga por hora recibía la persona, más importante era el dinero para la persona. Y esto se cree que es porque el salario o ganancia que se recibe de un trabajo tiene relación directa con la autoestima y la auto-valía, por lo que nunca será suficiente. Mientras más se tiene, más se quiere y más se enfoca en ello.

4.       Tu cerebro trata el crédito diferente al efectivo: Según un estudio, tendemos a gastar de un 12 a un 18 por ciento más usando una tarjeta de crédito que pagando con efectivo. Esto sucede porque nuestro cerebro entiende que cosas compradas con la tarjeta es un asunto de futuro no de presente.

Por mi parte, considero que el dinero llega a ser un amplificador de la verdadera esencia de las personas, y por eso mismo, lo más importante siempre será hacer crecer nuestro interior antes de hacer crecer nuestros bolsillos. Al final de todo, coincido con el escritor Clayton Christensen, al decir que la mejor forma de medir la vida no es por la cantidad acumulada en los bancos, sino por la cantidad de personas, conocidas y desconocidas, pero sobre todo cercanas, a quienes hacemos sentir que son lo más valioso del mundo. ¿Qué valor le da usted al dinero en su vida y en su mente?
 
 

 

 

lunes, 28 de abril de 2014

¿Tierras de nadie?


Anna Evelyn Valdez

 

“Tierra de nadie”, inmediatamente esas palabras generaron una imagen en mi mente: un territorio abandonado, quizás poblado pero muy descuidado, en desorden, anárquico y un tanto desolado. Las palabras no aparecieron en un libro de narrativa, sino que fueron pronunciadas por el empresario Sergio Paiz, durante una conferencia de Heroes Series en The Learning Group. Sergio Paiz es Co-CEO de Grupo PDC, que consolida varias empresas como PDC Brands, PDC Capital y CODISA, entre otras. Durante la conferencia, Sergio compartió cómo a través de su incursión abrupta en el negocio familiar, descubrió, lo que parece ser una de sus pasiones, el diseño organizacional. “Gente excelente en una mala estructura puede fracasar y gente promedio en una buena estructura puede triunfar” aseguró Sergio.  Con anécdotas y consejos personales, sus conocimientos nos hacían cuestionarnos  a todos los emprendedores asistentes, sobre la organización de nuestros propios negocios y proyectos. Y así, llegó la frase: “Se debe analizar en la organización dónde hay “tierras de nadie”, esas son actividades y resultados que al parecer no son responsabilidad de nadie en la empresa”, expresó Sergio.  ¿Hay tierras de nadie en tu negocio o emprendimiento?

Las “tierras de nadie” en las organizaciones son como esas pelotitas de pinball que tocan todos los departamentos, pero parecen no quedarse en ninguno, para que al final se les escape de las manos a todos. Sin duda, son peligrosas porque entre todos se asume que esa actividad importante alguien más la está realizando o resolviendo y no es así.  Mantener “tierras de nadie” en asuntos importantes puede llevar a graves problemas, a pérdidas financieras o a afectar considerablemente la productividad.  ¿Cómo eliminarlas? Asignándoles un dueño. Para ello se deberán revisar los procesos internos de la organización o negocio y las atribuciones de cada uno de los puestos, para asegurarse que todas las actividades importantes tengan “dueño o responsable”. Parece un concepto demasiado sencillo, pero por lo mismo te aseguro que es más común de lo que crees.  Haz la prueba, revisa las actividades en tu trabajo o negocio y asigna territorios.

Realizar esa reflexión en mi trabajo me llevó a preguntarme si no tengo “tierras de nadie” en mi interior. ¿Será que estoy desatendiendo alguna área? ¿Y si tal vez estoy evadiendo mi responsabilidad de algún territorio interno? Quizás estemos culpando al trabajo por nuestra falta de descanso, o tal vez estemos cediendo nuestra paz a los sucesos del día, siempre cambiantes. Tal vez le estemos trasladando la responsabilidad de nuestra felicidad a alguien más… a la pareja, los hijos, padres, amigos, o jefes. Tal vez no hemos reconocido que nos pertenecemos completamente y por ello debemos asumir la responsabilidad de ser los dueños de todos y cada uno de nuestros territorios internos. Después de todo son nuestros y nadie mejor que nosotros mismos podremos “empoderarnos” y  convertir esos terrenos abandonados, en tierras fértiles y productivas. ¿Tienes “tierras de nadie”? ¿Qué harás para apoderarte de ellas? ¿Cómo lucirán cuando te adueñes de todas tus tierras?
 
 

lunes, 7 de abril de 2014

¿Fracaso “social” o “dato científico”?

Anna Evelyn Valdez
aevaldez@thelearningroup.com


Emocionado y por lo mismo nervioso, inició la conferencia de Heroes Series y empezó a contar su historia.  Su nombre es Manuel Antonio Aguilar y sus estudios de Licenciatura y Maestría en la Universidad de Harvard le confieren el título de Astrofísico, pero conforme uno lo escucha hablar es notorio que su pasión la encontró en el emprendimiento social. Impresionado por el Universo, curiosamente se convenció de que su energía la quería dedicar a cosas mucho más cercanas, así que dejó la astrofísica y unos emprendimientos financieros, y regresó a  Guatemala para mejorar la calidad de vida de personas necesitadas. Fue así como con un amigo, co –fundó Quetsol, una empresa que a través de generadores solares provee energía eléctrica a miles de hogares del área rural, transformando así la vida de familias y comunidades enteras. Su proyecto más reciente se llama CASSA y consiste en la construcción de viviendas autosuficientes, que proveen de los insumos necesarios a las familias, promoviendo su desarrollo y el cuidado al medio ambiente al mismo tiempo.  Mientras contaba su travesía emprendedora, los asistentes nos asombramos de la soltura con la que reconocía una y otra vez los momentos de dificultad en su vida y en sus proyectos. “Los problemas son oportunidades” repetía constantemente. Comentaba sus logros con la misma intención con la que comentaba sus fracasos, mientras nos invitaba a “siempre intentarlo, haz que suceda”. “No hay que tener miedo a equivocarse, con los errores es como a veces más aprendemos” dijo resuelto.

Y es que haber estudiado Astrofísica sin duda lo capacitó para ver los fracasos como los ve un “científico.” “Cuando un científico hace un experimento, hay muchos resultados posibles. Algunos resultados son positivos, otros negativos, pero todos dan datos e información importante. Cada resultado es una pieza de información que llevará a la respuesta,”  comenta el autor James Clear en el artículo “¿Con temor al fracaso? Piensa como un científico y supéralo”.  “Es muy diferente a como se habla del fracaso en la sociedad. Para muchos de nosotros, los fracasos nos determinan como persona,” apunta James. “Si pierdes el examen no eres suficientemente listo. Si fallas en el arte no eres suficientemente creativo. Si fallas en un negocio probablemente no tengas lo que se necesita… y así. Sin embargo para un científico, los resultados negativos no lo hacen un mal científico, al contrario.  Probar una hipótesis como mala es tan bueno como probarla correcta, pues de igual forma se obtiene información valiosa.”  


Las situaciones de nuestra vida que podemos considerar fracasos no determinan quienes somos, ni mucho menos cuanto valemos. Son sólo puntos de información, momentos de inflexión y oportunidades de aprendizaje. La circunstancia en sí no es determinante, lo que es determinante es nuestra actitud. ¿Tomamos el fracaso como el final devastador o lo tomamos como información para volver a hacerlo mejor? Como suelo parafrasear “Si hay aprendizaje no hay fracaso.”  ¿Qué aprendiste de tu más reciente error? Si eliminas el miedo a fracasar ¿qué cosa nueva emprenderías hoy?



jueves, 20 de marzo de 2014

¿Y tu verdadera motivación?


Anna Evelyn Valdez


 
Los medios de comunicación la llaman “la mujer más poderosa de la Corporación Walt Disney y Hollywood”, su nombre es Anne Sweeney  y recientemente dio a conocer que renunciará al cargo que ocupa actualmente como Presidenta de  Disney/ABC Television Group y  Co Presidenta de Disney Media Networks. La noticia causó gran asombro pero más aún la razón por la cual ha decidido hacerlo.  “Estoy en un momento realmente bello en mi vida. Mis hijos ya crecieron y están fuera de casa. Mi esposo me apoya mucho. A menudo he dicho a otras personas, “haz las cosas que más te den miedo hacer”. Siempre he creído que tú aprendes toda tu vida y nunca debes encasillarte. Debes estar abierta a tu pasión y la mía es el proceso creativo y ser una aprendiz de nuevo,” dijo la brillante ejecutiva de 56 años en una entrevista a Hollywood Reporter. Y es que Sweeney está a punto de dejar su imperio televisivo de $12 mil millones, para tratar de convertirse en una directora de programas de televisión.  “Lo mío es el proceso creativo” insiste. Durante la entrevista, le cuestionaban que muchas personas la veían como posible sucesora del CEO de la Corporación Disney, Bob Iger, a lo que ella contestó: “Sé que muchas personas querían ese puesto para mí. Yo no. Yo sé lo que me motiva y ahora me impulsa el deseo de estar inmersa en el proceso creativo,” contestó resuelta.

¡Qué valentía! ¿No te parece? Sin duda alguna se requiere valentía para conocerse  profundamente a sí misma, para descubrir lo que uno quiere, y separarlo de aquello que los demás quieren para uno. Valentía para descubrir qué es lo que realmente nos impulsa a ser mejor.  Y es que descubrir eso es  un “reto psicológico”, apunta el consultor Mark Lukens en su artículo “Encontrando tu motivación”; “encontrar lo que verdaderamente te motiva puede dar miedo, puede retar las expectativas de los demás. Quizás demande cambiar de trabajo, pasar por limitaciones económicas o cambiar por completo tu vida para perseguir un sueño. Sea como sea, es la mejor cosa que puedes hacer por ti” afirma Lukens. 

Y Anne Sweeney lo sabe muy bien. Va a dejar un trabajo que se había convertido en una forma de vida, en un puesto admirable y en una zona de confort, para experimentar más, para volver a aprender, para ser fiel a su pasión. Me imagino que no fue una decisión fácil de tomar, sin duda tuvo conversaciones consigo misma, con su conciencia y con su verdad. Quizá el ejemplo de Anne nos haga sentarnos un rato a solas y tener una conversación íntima para podernos preguntar: ¿Qué es lo que realmente me motiva? ¿Qué me apasiona ahora? ¿Qué más quiero lograr? Como recientemente escribió mi amiga del alma, Luisa F. Rodríguez: “Los viajes que emprendemos dentro de nosotros mismos son muy difíciles pero necesarios. Escucha la voz de tu corazón, no sólo porque es la única voz que podemos escuchar sin intermediarios, sino porque es la más genuina.”  Si de pronto te surge una idea, un sueño que habías olvidado, o una nueva pasión… es porque debes hacer algo hoy. ¿Qué otro momento podría ser mejor? ¿Cuál es tu verdadera motivación?
 

 

 

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Las mujeres ganan lo que valen?


Anna Evelyn Valdez

aevaldez@thelearningroup.com

 Según un estudio publicado recientemente por Harvard, no siempre. Curiosamente  las mujeres suelen recibir menores salarios que los hombres porque suelen pedir lo que necesitan pero no lo que valen.  ¿Te impresionó el dato? ¡A mí me impactó! Y hay más…

El estudio titulado, “El Efecto del “Sponsor”: Rompiendo el último techo de cristal” (The Sponsor Effect: Breaking Through the Last Glass Ceiling”), fue realizado con el propósito de entender las razones por las cuales las mujeres no están ocupando más puestos en la cúpula directiva. Y es que las mujeres representan más del 50% de la fuerza laboral en los niveles iniciales de las empresas, pero ocupan sólo un 3% de los puestos de CEO de las empresas de Fortune 500, dentro de los puestos Directivos Corporativos más altos sólo el 16% son ocupados por mujeres, y las mujeres representan tan sólo el 7.6% de las posiciones mejor pagadas en la lista de Fortune 500.

¿El resultado del estudio? Se determinó que las mujeres no están llegando a las altas cúpulas directivas por una mezcla entre la idiosincrasia femenina y paradigmas culturales.  ¿La solución? El estudio expone que mujeres u hombres para ascender en sus carreras, no sólo necesitan excelentes desempeños, sino un sistema de apoyo, es decir “sponsors” que los empujen, los promocionen, los protejan, y los catapulten a nuevos retos y oportunidades. Eso implica que para que existan más mujeres en las cúpulas directivas, se necesitan más “sponsors” que las impulsen.  Decirlo es fácil, lograrlo no tanto, precisamente por la mezcla de actitudes y paradigmas que el estudio encontró. Expongo unos de los hallazgos que llamaron mi atención.

1.       ¿Relaciones sociales o relaciones laborales con un propósito?: Los hombres desarrollan relaciones laborales que sean beneficiosas para su trabajo presente y futuro, mientras que las mujeres generalmente nos relacionamos buscando un vínculo emocional, sobre todo con nuestros pares, pero no con posiciones más altas que la nuestra. Y según los altos directivos corporativos, esa capacidad de relación y mantenimiento de redes “laborales” es ejercer el liderazgo, y si una mujer no demuestra esa habilidad desde puestos medios y altos, puede que no sea tomada en cuenta para las más altas posiciones directivas. ¿Nos será posible como mujeres pensar de manera más calculadora y estratégica en estas relaciones laborales?

2.       Las mujeres suelen ser más exigentes consigo mismas: Según el estudio, un reclutador de temporada de la firma Deloitte, una de las empresas patrocinadoras del estudio, vio consistentemente que durante las entrevistas para optar a un puesto , los hombres solían expresar cómo cumplían con todos los requisitos del puesto, mientras las mujeres comentaban cómo no llenaban todos los requisitos. Las mujeres al parecer, necesitamos sentirnos completamente seguras de llenar los requisitos más allá del 100% para optar a una plaza. ¿Te identificas con lo anterior?  Me he sorprendido… ¡que yo sí!

3.       Las mujeres suelen pedir lo que necesitan, no lo que valen: En un experimento, se demostró que el 57% de los hombres negociaron su salario desde el momento en que le ofrecieron el trabajo, mientras que sólo un 7% de mujeres lo hicieron. Según el estudio, las mujeres no  piden lo que saben que merecen porque una serie de conductas sociales le han hecho sentir miedo de que al hablar se vuelvan  “poco agradables”.   

Mientras comentaba esta última frase con varias amigas y familiares, me sorprendió ver diversas reacciones, unas se sentían energizadas y expresaban: “¡Sí… nosotras valemos más!”, mientras otras expresaban: “creo que no sólo en el trabajo sucede… en otras áreas de la vida no exigimos lo que valemos”.  En mi caso, la frase me forzó a preguntarme si realmente estoy exigiendo lo que valgo. Y eso me ha inspirado a crecer para ser mi propio sponsor y el sponsor que otras mujeres necesitan. Después de todo, creo firmemente, tal y como el estudio presenta, que más mujeres en las altas cúpulas directivas no sólo será bueno para las empresas, sino que harán un mundo mejor.  ¿Gana usted lo que vale?
 

lunes, 3 de marzo de 2014

Se vale llorar


Anna Evelyn Valdez
aevaldez@thelearningroup.com

 Hanoch McCarty era un padre soltero, con demasiada responsabilidad y cansancio acumulado, así que un día después de acostar a sus hijos, sintió cómo la soledad golpeaba su pecho y no pudo más que desplomarse en una silla del comedor y ponerse a llorar. De repente, en medio de sus sollozos, sintió cómo dos tiernos brazos le rodeaban la cintura. Era Ethan, su hijo pequeño de 5 años, quien lo miraba con un rostro comprensivo. – “Lo lamento Ethan, no quería llorar, sólo estoy un poco triste esta noche,” se disculpó el padre un tanto apenado. –“Está bien papi,” contestó el chico. - “Está bien llorar. Sólo eres humano.” (Chocolate caliente para el alma; Canfield, J. et.al. 1998)

¿Cuántas veces hemos olvidado que llorar es simplemente de humanos? Siempre he pensado que llorar es liberador, y ahora me lo explica Tagashi Saga, un “sommelier de lágrimas” en Japón. Saga ofrece “talleres para llorar de gozo” en una cultura en donde llorar en público es visto como debilidad. “Cuando las personas se ponen emotivas y lloran, las cargas, las tensiones y frustraciones simplemente se derriten”, comenta Saga. “La risa también descarga el estrés, sin embargo sólo lo hace momentáneamente, pero los estudios revelan que el estrés liberado al llorar puede durar hasta por una semana. Por ello llorar es bueno para tu salud física y mental,” declara Tagashi. Según estudios, cuando se llora por razones emocionales, las lágrimas contienen las mismas clases de hormonas que se crean cuando el cuerpo está bajo estrés físico.

Al leer esto, no puedo sino recordarme cómo hace varios años ya, con un grupo de amigas que trabajábamos juntas, cuando veíamos a alguno de nuestros compañeros tristes, les decíamos: -“¿Quiere llorar? ¡Llore!” Paradójicamente, después de escucharnos muchas veces las personas no lloraban sino que se reían, sin embargo no faltaron los momentos en que después de esa sonrisa las lágrimas empezaban a rodar. No cabe duda que nuestras frases iniciales y la sinceridad con las que las decíamos creaban lo que hoy algunos llamarían un “ambiente seguro”, para sentir, para reír o llorar.

En lo personal, después de un año de llevar diversos y profundos lutos he descubierto que no sólo es bueno sino que es necesario llorar. He aprendido que llorar la partida de un ser querido no es falta de fe, es simplemente una forma de expresar el dolor de su ausencia. Llorar no llena vacíos, pero sí limpia el alma. Llorar no repara daños, pero aunque parezca imposible aleja tristezas. Llorar quita nudos de la garganta y desenreda emociones. Con todo esto no quiero decir que haya que vivir llorando, al contrario, creo que mientras más le sonríes a la vida, más te sonríe ella de vuelta. Pero sí creo que para todo hay un tiempo y que como dice Charles Dickens: “Nunca debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas, porque son la lluvia que limpia el polvo cegador de la tierra que a veces cubre y mancilla nuestro endurecido corazón." La próxima vez que un perfume, un recuerdo, una historia o una canción toque tu corazón y sientas que tus ojos se empiezan a empañar, recuerda, que tan sólo eres humano y que se vale llorar.