viernes, 31 de octubre de 2014

Expectativas


Anna Evelyn Valdez


Hace poco, un amigo colocó en su muro de Facebook esta frase: “Aprendí que la mejor manera de no decepcionarme es no esperar nada de nadie.”  Desde que la leí, me pareció una frase un tanto triste, pero me sorprendió que muchas personas comentaron a favor de ella.  ¿Será bueno no esperar nada de nadie? ¿Es realmente posible?

El artículo de la autora Brené Brown “Atrévete a contrastar tus expectativas con la realidad” publicado en “O Magazine” me hizo entender de mejor manera la frase. Brené comenta que muchas veces desarrollamos expectativas de cómo las cosas se van a dar, ver, sentir y cómo las personas van a reaccionar, por ejemplo: “Voy a poner mi negocio, todos mis amigos llegarán a comprarme y se admirarán de lo bien que me va. ¡Los voy a impresionar!”  El problema no está en tener una buena expectativa, sino en esperar que los comportamientos de los demás nos hagan sentir bien con nosotros mismos. ¿Qué se puede hacer? La autora comenta:

1.        Hazte consciente de tus expectativas: hay muchas expectativas que pasan desapercibidas, eso quiere decir que las formulamos en nuestro interior casi sin darnos cuenta. Preguntarnos sobre las expectativas que tenemos nos hará conscientes de las mismas para contrastarlas con la realidad. Por ejemplo: ¿Qué expectativa tienes del fin de semana? Puede que pienses que no tienes ninguna, pero que poco a poco te des cuenta que deseas descansar, o salir, o hacer deporte. Tal vez descubras que no tendrás tiempo para hacer eso que deseas, así que puedes cambiar tus planes o tu expectativa. Eso te evitará sentirte frustrado el domingo por la noche.

2.       No tengas expectativas sobre lo que no puedes controlar: “Si hago este trabajo de esta forma y digo las palabras correctas, mis jefes me van a felicitar.” No puedes controlar que tus jefes te feliciten.  Tu expectativa podría ser: “Voy a entregar un trabajo que me haga sentir orgulloso de mí mismo.” ¡Eso sí lo puedes controlar!

3.       Elimina los pre-requisitos: No hay pre requisitos para tu autoestima. Elimina los pensamientos de: “si pierdo peso, si duplico mis ingresos, si mis hijos triunfan…  entonces valdré más”. Tú ya eres valioso y merecedor de amor, gozo y respeto tal y como eres.

Yo suelo tener grandes expectativas de mi futuro, de mis proyectos y del futuro de quienes amo, creo que es una forma en como yo expreso mi optimismo, sin embargo el artículo me ha invitado a reflexionar sobre las pequeñas expectativas que puede que estén pasando desapercibidas, sobre todo me hace pensar en no basar mi valía en lo que espero que otros digan o piensen de mí. Y con respecto a la frase del inicio, quizás “no esperar nada de nadie” le evite a algunos ciertas decepciones, pero para mí significaría no tener fe en los demás y quitarle confianza a las relaciones. Lo mejor será conocer a cada persona, celebrar sus cualidades, aceptar sus debilidades y quererlas tal y como son, para que la expectativa que tengamos de ellos sea simplemente que enriquezcan nuestra vida con su autenticidad, con su propia y única luz y belleza interior. ¿Qué expectativas tienes hoy?   
 

 

viernes, 17 de octubre de 2014

Cuestión de intuición


Anna Evelyn Valdez

aevaldez@thelearningroup.com

 
Todos lo hemos experimentado, esa sensación de intranquilidad, de que algo simplemente no está bien. O al contrario, una certeza de que será la mejor decisión, aunque racionalmente no lo podamos explicar… sí, es eso que llamamos “instinto o intuición”.

Por mucho tiempo, se pensó que la “intuición” eran simplemente sensaciones, y que unas personas lo experimentaban más que otras por causas secretas y casi mágicas. Pero durante los últimos años se ha descubierto la ciencia detrás de lo que se conoce como “intuición”. Aunque muchos  la relacionamos con simples sensaciones, el origen está en el cerebro, específicamente en lo que muchos científicos llaman el Sistema 1. Este sistema es nuestra forma rápida, instintiva y muchas veces hasta subconsciente de actuar y está compuesta por el lado derecho de nuestro cerebro, que ha existido desde la prehistoria y en donde están las partes reptilianas y límbicas. El sistema 2 es nuestra forma de operar más lenta, analítica y consciente, está formada por el lado izquierdo de nuestro cerebro que aloja “nuevas” partes, es decir que existieron después de la prehistoria y que también reciben el nombre de “neocortex”. Los estudios muestran que la “intuición” es parte del sistema 1, aparece rápidamente y sin acompañamiento de lógica evidente, es intuitiva.

Lo más poderoso de estas investigaciones es que han demostrado que nuestro sistema 1, sabe las respuestas correctas mucho antes que el sistema 2, incluso en decisiones mayores, como la compra de una casa o un carro. En un estudio, de los compradores de carros que tuvieron mucho tiempo para analizar la información, comparar cuotas, beneficios y riesgos, sólo el 25% estaba satisfecho con la compra realizada, mientras que de los compradores de carros que realizaron una decisión rápida y por instinto, reportaron que el 60% estaba satisfecho con la compra.

¿Por qué sucede esto? El sistema 1, las partes del cerebro reptiliano y límbico, donde se aloja la intuición, existió desde la prehistoria, siendo su principal función “alertar” de peligros, “percibiéndolos” aún antes de que visualmente o racionalmente aparecieran y “buscaba” automáticamente la seguridad. Miles de años después, en un ambiente relativamente más seguro no siempre se activa esta parte del cerebro y cuando se activa no estamos acostumbrados a escuchar lo que dice nuestra “intuición” y por ello no siempre le hacemos caso, sin embargo la intuición está ahí y su función sigue siendo protegernos.

Así que la próxima vez que sienta que en una decisión a tomar “algo no hace click” o al contrario “no sabe explicar por qué pero parece una buena decisión”… confíe en su instinto, escuche su voz y déjese llevar por su intuición. Puede ser que le proteja del peligro y le haga tomar el camino más seguro… también existe el riesgo que sea al revés. Si fuera el caso de que la intuición al final no le guió a la mejor decisión, no sea demasiado duro consigo mismo ni con su instinto, recuerde que de los errores surgen los mejores aprendizajes y a veces dejar el raciocinio y dejarnos llevar por la intuición es lo que nos hace sentirnos más vivos. ¡Después de todo, las mejores aventuras a veces son cuestión de intuición!
 
 
 
 

viernes, 26 de setiembre de 2014

¿Cuál es tu paso clave?


Anna Evelyn Valdez


 
Son las  4:15 a.m cuando el despertador suena… luego vuelve a sonar a las 4:30 a.m. Durante las últimas dos semanas me  he levantado entre esas dos alarmas. Es un nuevo horario para mí que estoy segura comparto con muchas otras personas. Sin embargo, para ser sincera pensé que me sería mucho más difícil adoptarlo, mentiría al decir que siempre me es fácil levantarme cuando suena la alarma, pero realmente pensé que me costaría más. Y en esta época en que los propósitos de principio de año, o bien se desvanecen o bien se avanza para alcanzarlos… me pregunté: ¿por qué me fue fácil adoptar este hábito mientras hay otros que por años no logro adoptar?

En mi búsqueda de información encontré un artículo de Mikael Cho sobre “Cómo hacer para que tu cerebro haga que ese hábito permanezca” y dentro de él me encontré con una frase que llamó mi atención: “No odias el hábito, odias el proceso”.  El autor propone que nuestro cerebro le gusta tomar la ruta que propone menos resistencia, por lo que se opondrá a hacer más cosas. Cho propone los siguientes consejos:

Simplifica el proceso: elimina pasos, no compliques el nuevo hábito… simplifícalo.

Empieza pequeño: Si quieres hacer ejercicio diario comienza con dos veces a la semana, si quieres leer una hora todos los días comienza con 10 minutos diarios, si deseas comer más fruta inicia con una en un tiempo de comida al día. La ventaja de iniciar con pequeños logros es el Efecto Zeigarnik,  y es el efecto que te impide dejar una tarea sin completar.  Este efecto es el responsable de no querer soltar ese libro cuando sólo falta un capítulo por leer, o no querer salir de la oficina hasta terminar un proyecto.  Según este efecto, durante el proceso de completar una tarea se llega a un paso que no permite la vuelta atrás, sino que te impulsa a completar lo que se inició. Y es ese preciso paso el que uno debe buscar para hacer que un nuevo hábito permanezca. Y reflexioné… Suena la alarma por primera vez y aunque sé que me tengo que despertar aún no quiero… pero luego pienso en lo que debo hacer durante el día… y eso me saca dela cama con una sonrisa. Ahí está! El paso

 


viernes, 19 de setiembre de 2014

¿Aún es tiempo?


Anna Evelyn Valdez

The Learning Group


 

¡Sí! La respuesta parece demasiado rotunda para una pregunta tan amplia, así que reduciré la pregunta: ¿Aún estás a tiempo para darle vida a tu emprendimiento? Y la respuesta, como bien sabes, es SÍ.

Nombres de jóvenes como Mark Zuckerberg, creador de Facebook o Larry Page y Sergey Brinn, creadores de Google, que empezaron sus exitosas empresas entre los 20 y 24 años, nos hacen pensar que si ya pasamos de los 25 años, ya no estamos en edad de emprender. ¿Has pensado eso alguna vez?

La buena noticia es que esa creencia es falsa. Un estudio realizado por un equipo liderado por Vivek Wadwha (miembro del Arthur and Toni Rembe Rock Center para el Gobierno Corporativo de la Universidad de Stanford) investigó a 549 emprendedores exitosos, obteniendo resultados como los siguientes:

·         El 52% eran los primeros emprendedores en su familia inmediata.  Sólo el 39% tuvo un padre emprendedor y un 7% una madre emprendedora. Algunos pocos tuvieron ambos padres emprendedores.

·         Sólo uno de cada cuatro empezó con las ganas de emprender cuando estaba en la Universidad. La mitad de los entrevistados, ni siquiera pensaba en emprender en esa época.

·         Del 24.5% que indicó que durante la época de la Universidad se sintieron “extremadamente interesados” en hacerse emprendedores, el 47.1% crearon más de dos empresas. Y el 69% empezaron sus emprendimientos después de estar trabajando para alguien más por alrededor de 10 años.

·         40 años aparece como la edad promedio en la cual los emprendedores lanzaron sus empresas de rápido crecimiento.  En general, estos fundadores, estaban casados y con 2 ó 3 hijos. Tenían de 6 a 10 años de experiencia laboral y múltiples ideas prácticas.

¿Qué conclusiones podemos sacar? Según revela este estudio, para ser un emprendedor exitoso no necesitas que tus generaciones anteriores hayan tenido un negocio, o que hayas pensado en emprender desde que eras niño. No importa que no tengas 20 años, que tengas 35, 40, 50 o más de 80. Como dice el estudio: Las buenas ideas de negocios, no tienen límite de edad.

¿Qué has pospuesto hacer? ¿Un nuevo emprendimiento o agrandar el que ya tienes? ¿Qué pasatiempo no te has dado el tiempo de aprender, porque según tú ya es muy tarde? ¿Qué sueño no has desempolvado porque piensas que tu ventana de oportunidad ya se cerró? ¿Qué deseo has dejado de poner en tu lista, simplemente porque te has dicho que ya no estás joven para conseguirlo?

Emprender no sólo es poner un negocio. Emprender es una forma de vida, que implica buscar siempre oportunidades que te permitan ser la mejor versión de ti mismo y de ti misma. Y para eso nunca es demasiado temprano, ni mucho menos demasiado tarde.

La próxima vez que alguien te diga que ya estás muy grande para emprender o que en tus antepasados nadie ha hecho lo que te propones hacer. No les hagas caso. ¡Tu tiempo es hoy! ¡El momento es ahora! ¿Aún es tiempo? Absolutamente ¡SI!  Tu mejor tiempo empieza hoy. ¿Cómo lo aprovecharás?
 
 

  

viernes, 1 de agosto de 2014

Entre el “Hasta Pronto” y el “Adiós”


 
 
Anna Evelyn Valdez
 
“Decir ¡Adiós!´ no es lo mismo que decir ¡Hasta pronto! ¡Adiós! es como expresar que nunca más volverás a ver a quien despides. ¡Hasta pronto! es una expresión de fe. Aun cuando no lo percibimos de esa manera, es una expresión de fe y esperanza,”  escribió mi gran amiga Gina Dorigoni, y cuánta razón tiene.
Es probable que utilicemos ambas frases sin distinción alguna, lo cual suele estar bien. El problema surge, creo yo, cuando no nos damos cuenta de a qué cosas trascendentales le decimos “Adiós” y a cuáles “Hasta Pronto.”
Hay cosas en nuestra vida de las cuales nos debemos despedir y apartar. Puede ser un mal hábito, una adicción, una creencia errónea e incluso una mala relación. El problema inicia cuando, a pesar de estar conscientes de cosas, situaciones o personas que nos hacen daño, insistimos en llevarlas con nosotros, hacerlas parte de nuestra vida o cargarlas en nuestros recuerdos. “Si todo lo que amas de una persona son los recuerdos, entonces déjala ir,” dice Emily Host en su artículo “Memory Ghosts” publicado en el HuffPost, y agrega: “si esa persona ya no es quien solía ser y a quien tú solías amar, y no te sientes cómodo con la persona que ahora es, entonces déjala ir. Encuentra a alguien que no sólo te dé recuerdos felices, sino también un presente feliz.”  ¿Cuántas veces hemos dicho hasta pronto a quienes deberíamos decir adiós? Lo mismo aplica para experiencias, trabajos y sueños. Últimamente he descubierto que decir “adiós” no siempre es suficiente, se debe trabajar para realmente dejar en libertad aquello de lo que nos queremos despedir. Lo más importante ha sido reconocer que “dejar ir” no es un acto de renuncia, mucho menos de derrota, sino un acto de amor. Un acto de amor hacia la otra persona, liberándola de la presión de ser quien quisiéramos que fuera, honrando su recuerdo y lo que se compartió. Y por supuesto es un acto de amor para uno mismo, dejando el dolor, la culpa o la victimización y aceptando con valentía el “soltar” para poder tomar nuevas y mejores cosas. Se oye tan fácil, pero en realidad no lo es, requiere trabajo, decisión y valor… pero sobre todo amor. ¡Cuánto amor requiere la libertad! ¡Cuánto amor! Decir adiós, en definitiva es un esfuerzo que tiene gran recompensa.
Decir “Hasta Pronto” es otra expresión de amor y también de fe. El “hasta pronto” implica la esperanza y el deseo de encontrarse de nuevo, de volverse a ver. Decir “hasta pronto” un día por la mañana a la familia es reconfortante. Decir “hasta pronto” a un familiar o amigo que ha partido hacia su encuentro con Dios, es más que esperanzador y es el sentimiento que debería reinar en nuestro corazón y traernos la paz en medio del dolor. Hace poco más de un año, tuve que decir “Hasta Pronto” a un tío maravilloso que enriqueció nuestras vidas con mucho amor. No recuerdo exactamente cómo me despedí el último día que lo visité y pude abrazarlo. Sólo sé que hoy, como todos los días, miro al cielo, agradezco a Dios por su vida, celebro sus recuerdos y digo sonriendo y creyendo: “¡Hasta pronto!” ¿A qué le dirás Adiós y a qué le dirás “Hasta Pronto” hoy?
 
 
 
 
 
 

viernes, 18 de julio de 2014

El cerebro y el dinero


Anna Evelyn Valdez


 

¿Qué provoca el dinero en nuestro cerebro?  Esta pregunta es la que el emergente campo de la “neuroeconomía” está tratando de averiguar a través de la psicología, la neurociencia y la economía. Aquí se presentan algunos de los resultados, que parecen obvios pero es interesante conocer que son validados por diversos estudios:

1.       El dinero mata la empatía: según un estudio discutido en la revista Time, las personas con muchos recursos económicos se sienten menos amenazados, por lo que tienden a ignorar cómo se sienten los demás. Adicional a esto, un estudio de la Universidad de Berkeley, descubrió que incluso con estudiantes jugando Monopoly, los jugadores que iban ganando y tenían más “billetes de Monopoly” se sentían con más poder y eran más agresivos con el trato hacia sus compañeros que iban perdiendo o tenían menos “dinero de Monopoly.”

2.       El dinero es un amortiguador del dolor: En un experimento, les pidieron a las personas que calificaran su respuesta hacia tocar agua caliente después de contar dinero. Los resultados indican que mientras más dinero contaban antes, menos dolor sentían cuando tocaban el agua caliente. Por otro lado, las personas que acababan de perder dinero calificaron más doloroso el tocar el agua caliente. Al parecer, el perder dinero  comparte sistemas físicos y psicológicos con el dolor físico. El artículo expone: “Las personas odian perder dinero más que lo que aman ganarlo.”

3.       Mientras más dinero haces, más piensas en el dinero: La sabiduría convencional nos diría que mientras más tengamos de algo, menos importante debe ser para nosotros, pero eso no es cierto con respecto al dinero. Un Profesor de la Escuela de Negocios de Stanford encontró en su investigación que mientras más paga por hora recibía la persona, más importante era el dinero para la persona. Y esto se cree que es porque el salario o ganancia que se recibe de un trabajo tiene relación directa con la autoestima y la auto-valía, por lo que nunca será suficiente. Mientras más se tiene, más se quiere y más se enfoca en ello.

4.       Tu cerebro trata el crédito diferente al efectivo: Según un estudio, tendemos a gastar de un 12 a un 18 por ciento más usando una tarjeta de crédito que pagando con efectivo. Esto sucede porque nuestro cerebro entiende que cosas compradas con la tarjeta es un asunto de futuro no de presente.

Por mi parte, considero que el dinero llega a ser un amplificador de la verdadera esencia de las personas, y por eso mismo, lo más importante siempre será hacer crecer nuestro interior antes de hacer crecer nuestros bolsillos. Al final de todo, coincido con el escritor Clayton Christensen, al decir que la mejor forma de medir la vida no es por la cantidad acumulada en los bancos, sino por la cantidad de personas, conocidas y desconocidas, pero sobre todo cercanas, a quienes hacemos sentir que son lo más valioso del mundo. ¿Qué valor le da usted al dinero en su vida y en su mente?
 
 

 

 

lunes, 28 de abril de 2014

¿Tierras de nadie?


Anna Evelyn Valdez

 

“Tierra de nadie”, inmediatamente esas palabras generaron una imagen en mi mente: un territorio abandonado, quizás poblado pero muy descuidado, en desorden, anárquico y un tanto desolado. Las palabras no aparecieron en un libro de narrativa, sino que fueron pronunciadas por el empresario Sergio Paiz, durante una conferencia de Heroes Series en The Learning Group. Sergio Paiz es Co-CEO de Grupo PDC, que consolida varias empresas como PDC Brands, PDC Capital y CODISA, entre otras. Durante la conferencia, Sergio compartió cómo a través de su incursión abrupta en el negocio familiar, descubrió, lo que parece ser una de sus pasiones, el diseño organizacional. “Gente excelente en una mala estructura puede fracasar y gente promedio en una buena estructura puede triunfar” aseguró Sergio.  Con anécdotas y consejos personales, sus conocimientos nos hacían cuestionarnos  a todos los emprendedores asistentes, sobre la organización de nuestros propios negocios y proyectos. Y así, llegó la frase: “Se debe analizar en la organización dónde hay “tierras de nadie”, esas son actividades y resultados que al parecer no son responsabilidad de nadie en la empresa”, expresó Sergio.  ¿Hay tierras de nadie en tu negocio o emprendimiento?

Las “tierras de nadie” en las organizaciones son como esas pelotitas de pinball que tocan todos los departamentos, pero parecen no quedarse en ninguno, para que al final se les escape de las manos a todos. Sin duda, son peligrosas porque entre todos se asume que esa actividad importante alguien más la está realizando o resolviendo y no es así.  Mantener “tierras de nadie” en asuntos importantes puede llevar a graves problemas, a pérdidas financieras o a afectar considerablemente la productividad.  ¿Cómo eliminarlas? Asignándoles un dueño. Para ello se deberán revisar los procesos internos de la organización o negocio y las atribuciones de cada uno de los puestos, para asegurarse que todas las actividades importantes tengan “dueño o responsable”. Parece un concepto demasiado sencillo, pero por lo mismo te aseguro que es más común de lo que crees.  Haz la prueba, revisa las actividades en tu trabajo o negocio y asigna territorios.

Realizar esa reflexión en mi trabajo me llevó a preguntarme si no tengo “tierras de nadie” en mi interior. ¿Será que estoy desatendiendo alguna área? ¿Y si tal vez estoy evadiendo mi responsabilidad de algún territorio interno? Quizás estemos culpando al trabajo por nuestra falta de descanso, o tal vez estemos cediendo nuestra paz a los sucesos del día, siempre cambiantes. Tal vez le estemos trasladando la responsabilidad de nuestra felicidad a alguien más… a la pareja, los hijos, padres, amigos, o jefes. Tal vez no hemos reconocido que nos pertenecemos completamente y por ello debemos asumir la responsabilidad de ser los dueños de todos y cada uno de nuestros territorios internos. Después de todo son nuestros y nadie mejor que nosotros mismos podremos “empoderarnos” y  convertir esos terrenos abandonados, en tierras fértiles y productivas. ¿Tienes “tierras de nadie”? ¿Qué harás para apoderarte de ellas? ¿Cómo lucirán cuando te adueñes de todas tus tierras?